Otras iniciativas están en marcha desde diversos sectores para fortalecer esfuerzos como este y brindar espacios formales de diálogo, como las mesas de trabajo sobre el Plan Nacional de Acción sobre Empresas y Derechos Humanos 2021–2025, el primero de su tipo en el país que busca fortalecer las políticas públicas que contribuyan a la promoción y el respeto de los derechos humanos de todas las personas y colectivos.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) lleva a cabo el Proyecto Global de Empresas y Derechos Humanos (B+HR), con financiamiento del Gobierno de Japón, apoya al Estado peruano en este proceso de implementación y descentralización del plan que contempla la instalación de mesas de trabajo integradas por sociedad civil, empresas privadas, sindicatos y gobiernos regionales.
En esa misma línea, también el PNUD tiene una iniciativa de monitoreo ambiental participativo, que este año implementará un programa formativo de vigilantes y monitores ambientales en territorios con actividad minera y petrolera, con apoyo de la Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo y el Ministerio de Energía y Minas.
“Es importante vernos y tener diálogo para mirarnos no solo de lejos, sino sentarnos a dialogar y respetarnos mutuamente”, comenta Merma, quien ha participado en esta experiencia en Cusco. “Es bueno no vernos como enemigos. Entendemos que la empresa tiene sus derechos, pero nosotros como pueblos indígenas tenemos también derechos y tenemos que hacernos respetar, dialogar”.
El Plan Nacional de Acción sobre Empresas y Derechos Humanos considera, además, un diagnóstico sobre la situación de las personas defensoras de derechos humanos en el Perú, que resulta fundamental en un país donde se ven sujetos de tantas amenazas. Según Merma, por defender la salud de las comunidades se han enfrentado a amenazas y hasta se les ha tildado de “azuzadores” y “terroristas”, una narrativa particularmente dura, considerando que la situación en Espinar ya ha cobrado vidas en el 2012.
“Muchas veces sentimos que nuestra vida está en peligro. No hay seguridad para dirigentes, defensores de los derechos humanos o defensores del ambiente”, afirma Merma y es que durante los últimos años, el Perú se ha vuelto un país hostil para las personas defensoras de derechos humanos.
La casa común, que alberga a todas y todos, conecta las luchas de defensa del territorio en todo el país. Lo que ocurra en un espacio repercutirá en los demás, y tanto Merma como otros líderes en el Perú sienten la pérdida de cada líder, tanto la amenaza como el duelo.
"Cuando vemos un caso que pasa en la selva, nosotros como defensores debemos pronunciarnos, no podemos dejar pasar las cosas. Pero es un desgaste emocional", expresa Merma. "Siempre decimos que los líderes somos fuertes, pero somos personas de carne y hueso y sentimos como todos, tenemos miedo de lo que nos puede pasar. Defender el territorio te cuesta la vida. Solo pedimos que nos respeten, nos escuchen y se haga justicia".